11.05.2006

"Viajar es, en esencia, moverse hacia un espacio desconocido. No se concibe el viaje hacia lo conocido, hacia el espacio donde consumimos nuestra cotidianeidad... Traspasar los límites del espacio conocido no es un acto corriente. Lo corriente es moverse en un espacio cargado de lugares familiares, de símbolos culturales plasmados en el paisaje. Se trata, de hecho, del dualismo ancestral entre espacio cotidiano y no cotidiano, entre espacio conocido y no conocido, entre espacio utilizado y no utilizado. El viaje es en verdad viaje cuando se convierte en algo gratuito, libre, no necesariamente asociado a una finalidad concreta. Es la movilidad entendida como fuente de libertad y de transgresión, como acto de rebeldía fugaz y efímero contra los constreñimientos de la cotidianeidad".
JOHAN NOGUÉ -prof. de Geografía Humana, Universidad de Girona, España-

8.31.2006

Al día siguiente, a las 14:20, el ómnibus que nos trasladó desde El Soberbio nos dejó en una parada sobre la ruta nacional 14. A un costado, un letrero de considerables dimensiones anunciaba: “Villa Salto Encantado”. Estábamos a 12 kilómetros de Aristóbulo del Valle* y nos preparábamos para “patear” unos 4 kilómetros, distancia que teníamos que recorrer para llegar al Parque Provincial Salto Encantado. Hacía muchísimo calor y empezamos a caminar divididos en dos grupos: conmigo iban Maxi y Martín, mis hijos mayores. Mabel nos seguía unos cien metros detrás, junto con Nahuel. El plan era que ellos “hiciesen dedo”. Jugaríamos con la posibilidad de la compasión y buena voluntad de los automovilistas. Al ser cinco, dábamos por descontado que la única forma de que nos llevarían a todos era que el vehículo que se detuviese fuera una camioneta. Y así ocurrió. La estrategia funcionó cuando tan solo habíamos caminado aproximadamente mil metros. Todos subimos a la caja de la pick-up roja y nos acomodamos como pudimos. Era una familia que seguramente regresaba a su casa en el campo, así que compartimos el viaje con algunos niños que nos observaban entre sorprendidos y maravillados. Saqué algo de dinero y se lo entregué a uno de ellos recomendándole que lo repartiese en partes iguales con sus hermanos.Nos bajamos a escasos doscientos metros de la entrada al Parque Salto Encantado. Allí fuimos recibidos por personal de la Secretaría de Turismo, quienes nos aleccionaron respecto a la infraestructura del camping, el cuidado que deberíamos observar en cuanto a la conservación de la flora y fauna de la reserva y nos entregaron un pequeño mapa en el que estaban señalados los senderos para llegar a los diversos saltos y cascadas.

Al ingresar al Parque Provincial Salto Encantado pasamos cerca de la vivienda de los guardaparques, y más adelante vimos un restaurant, una proveeduría y los sanitarios. Todo el lugar estaba muy bien cuidado y había muchas personas acampando. Esta fue la razón por la que nos costó encontrar un buen sitio para armar la carpa. Después de buscar un largo rato, decidimos ubicarnos debajo de un enorme árbol y cercanos a una mesa con bancos.El camping estaba provisto de una muy buena infraestructura para acampar a orillas del arroyo Cuña Pirú, cuyas aguas se precipitan en un salto de casi 70 metros de altura en medio de un paisaje de exuberante vegetación selvática.Las aguas del arroyo, antes de caer, son detenidas por un pequeño dique que forma una agradable pileta artificial. Si esta obra no se hubiese realizado, el salto pasaría absolutamente desapercibido por la falta de agua en épocas de sequía como la que estaba atravesando la región.El lugar nos pareció fascinante, absolutamente de ensueño, a punto tal que nuestros hijos lo compararon con algunas imágenes de la película Parque Jurásico. Primero observamos el salto desde arriba y luego descendimos por un interminable sendero hasta la parte inferior.


El resultado del proceso de la erosión a lo largo de cientos de miles de años estaba a la vista: gigantescos trozos de roca yacían por todos lados, amontonados unos y otros. Todos se habían desprendido de la inmensa pared que teníamos ante nuestra vista. En ella eran visibles los relictos de aquel fenómeno, y a mí me costaba mucho abstraerme de la idea de que la ocurrencia de uno de esos desprendimientos era absolutamente impredecible. Independientemente de mis pensamientos, todo parecía estar en su justo y exacto lugar, perfectamente equilibrado...Se puede realizar un recorrido a pié para ver el salto desde distintos ángulos y, al mismo tiempo, conocer diferentes especies arbóreas que se hallan convenientemente señalizadas con sus nombres comunes y científicos.

Nosotros caminamos por el cañón del arroyo Cuña Pirú unos cuantos kilómetros, siguiendo el curso de sus aguas cristalinas. Esta ruta no está sugerida en el plano y es dificultosa, pero por supuesto es la que nos permitió apreciar el paisaje selvático en todo su esplendor. La precaución fundamental que hay que tomar es la de ir observando continuamente el lugar que uno transita. La existencia de agua es razón más que suficiente para que todo tipo de animales se acerquen al arroyo. El mayor peligro está representado por la existencia de muchas especies de serpientes venenosas. Por otro lado, el lugar está poblado por una gran variedad de iguanas y lagartijas, las que salen disparadas hacia sus madrigueras cuando se percatan de la presencia humana.

Como no nos queríamos perder el espectáculo de ver el salto de noche, después de cenar fuimos hasta el lugar y nos quedamos un buen rato observando cómo cientos de murciélagos volaban en los alrededores. Sus siluetas eran perfectamente visibles debido a que la zona circundante estaba muy bien iluminada. Los desprevenidos insectos se convertían en una sabrosa dieta que los ágiles murciélagos capturaban a toda velocidad en pleno vuelo. Al día siguiente emprendimos un recorrido por el sendero que lleva a dos pequeños saltos ubicados a unos 1500 metros del camping. Pasamos por un lugar donde han construido un modesto oratorio, aprovechando la calma y el aspecto particular que presenta la naturaleza en aquel sitio. Más adelante, en un risco que se encuentra a considerable altura en el borde mismo del cañón del arroyo Cuña Pirú, existe un mirador desde el que es posible observar, a unos 500 metros de distancia, el espectáculo que presentan la caída de las aguas en el Salto Encantado.
En determinado momento el sendero se bifurca. Los dos caminos se encuentran señalizados y decidimos tomar el de la izquierda, el que lleva al Salto Acutí, ubicado sobre el arroyo del mismo nombre. Lamentablemente este tampoco tenía agua en ese momento y solamente un pequeño hilo se abría paso a duras penas por entre las rocas que, en condiciones normales, deberían formar parte de una hermosa cascada. La sequía estaba haciendo estragos en la provincia de Misiones (recordemos que hacía varios meses que no llovía en la zona), y eso le quitaba el protagonismo natural a muchos lugares como estos. Tal como lo suponíamos, la misma situación se repitió cuando llegamos al Salto Escondido, también ubicado sobre el arroyo Acutí (foto de abajo).
Esa tarde ordenamos todas las cosas, tratando de que la mayor parte del equipo quedase listo para continuar viaje al día siguiente. Así y todo dispusimos de tiempo libre para recorrer las inmediaciones de ese hermoso lugar.
Terminamos el día cenando piza en el restaurante del camping. Más tarde nos fuimos a dormir, mientras en el silencio de la noche solo escuchábamos el ruido del agua cayendo por la cascada.
El jueves 10 de febrero a media mañana, tal como estaba planificado, dejamos el Parque Provincial Salto Encantado. Teníamos que hacer a pié el trayecto de 4 kilómetros hasta la ruta nacional 14. Recién allí podríamos tomar un colectivo local hasta Aristóbulo del Valle. Pero la suerte nuevamente estuvo de nuestro lado: una camioneta se detuvo y no solo nos acercó a la ruta, sino que nos dejó a unos 6 kilómetros de la ciudad, trayecto que cubrimos a bordo de un colectivo que tomamos en el mismo lugar donde nos había dejado la camioneta.
Una vez que llegamos a la terminal de Aristóbulo del Valle averiguamos el horario de salida del ómnibus que nos trasladaría a nuestro nuevo destino, el Salto Tabay, en las cercanías de la localidad de Jardín América. Eran las 12:20 y el próximo servicio partía a las 13:00 hs., de modo tal que aprovechamos el intervalo para almorzar.
Haz click en "Salto Tabay". Allí continúa nuestro viaje...