8.31.2006

Al día siguiente, a las 14:20, el ómnibus que nos trasladó desde El Soberbio nos dejó en una parada sobre la ruta nacional 14. A un costado, un letrero de considerables dimensiones anunciaba: “Villa Salto Encantado”. Estábamos a 12 kilómetros de Aristóbulo del Valle* y nos preparábamos para “patear” unos 4 kilómetros, distancia que teníamos que recorrer para llegar al Parque Provincial Salto Encantado. Hacía muchísimo calor y empezamos a caminar divididos en dos grupos: conmigo iban Maxi y Martín, mis hijos mayores. Mabel nos seguía unos cien metros detrás, junto con Nahuel. El plan era que ellos “hiciesen dedo”. Jugaríamos con la posibilidad de la compasión y buena voluntad de los automovilistas. Al ser cinco, dábamos por descontado que la única forma de que nos llevarían a todos era que el vehículo que se detuviese fuera una camioneta. Y así ocurrió. La estrategia funcionó cuando tan solo habíamos caminado aproximadamente mil metros. Todos subimos a la caja de la pick-up roja y nos acomodamos como pudimos. Era una familia que seguramente regresaba a su casa en el campo, así que compartimos el viaje con algunos niños que nos observaban entre sorprendidos y maravillados. Saqué algo de dinero y se lo entregué a uno de ellos recomendándole que lo repartiese en partes iguales con sus hermanos.Nos bajamos a escasos doscientos metros de la entrada al Parque Salto Encantado. Allí fuimos recibidos por personal de la Secretaría de Turismo, quienes nos aleccionaron respecto a la infraestructura del camping, el cuidado que deberíamos observar en cuanto a la conservación de la flora y fauna de la reserva y nos entregaron un pequeño mapa en el que estaban señalados los senderos para llegar a los diversos saltos y cascadas.

1 Comments:

At 6:10 PM, Blogger AnJaka said...

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